
La tarta de queso al horno definitiva: increíblemente densa, cremosa y rica, con una base mantecosa de galleta Graham y esa característica superficie ligeramente bronceada.
El cheesecake de Nueva York se distingue de sus primos europeos más ligeros por su pura e impenitente riqueza. El relleno se hace casi por completo de queso crema —entero, sin concesiones—, enriquecido con crema agria, huevos y el azúcar justo para equilibrar la acidez. El resultado es una textura densa, casi de fudge, que contrasta gloriosamente con la base desmenuzable y mantecosa. Hornear al baño maría asegura que la crema cuaje despacio y de manera uniforme sin agrietarse. El cheesecake debe refrigerarse toda la noche para que la textura se firme y los sabores se desarrollen: la paciencia es innegociable.
Sirve 12
Precalienta el horno a 170 °C (150 °C con ventilador). Mezcla las migas de galleta con la mantequilla fundida y 2 cucharadas de azúcar. Presiona con firmeza y uniformidad en la base de un molde desmontable de 23 cm. Hornea 10 minutos hasta que cuaje. Deja enfriar.
Con batidora eléctrica a velocidad media, bate el queso crema hasta que quede completamente liso y esponjoso, unos 3 minutos. Rasca los lados. Añade el azúcar y la harina y bate otros 2 minutos hasta integrar del todo.
El queso crema a temperatura ambiente es esencial: el queso crema frío dejará grumos que nunca se alisarán del todo.
Incorpora el extracto de vainilla. Añade los huevos y la yema extra de uno en uno, batiendo a velocidad baja solo hasta integrar cada uno. No batas en exceso tras añadir los huevos: el exceso de aire provoca grietas. Incorpora la crema agria con una espátula.
Envuelve el exterior del molde desmontable bien apretado con dos capas de papel de aluminio resistente para evitar que entre agua. Vierte el relleno sobre la base fría. Coloca el molde en una fuente de horno grande. Vierte suficiente agua hirviendo en la fuente para que suba 2 cm por los lados del molde desmontable.
Hornea 70-80 minutos. El cheesecake está listo cuando los bordes están cuajados pero el centro aún tiembla notablemente. Apaga el horno, entreabre la puerta y deja el cheesecake dentro 1 hora.
Retira del baño maría, pasa un cuchillo fino alrededor del borde del molde para despegarlo y deja enfriar por completo a temperatura ambiente. Cubre y refrigera al menos 8 horas, o toda la noche. Desmolda y sirve a temperatura ambiente.
Todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente para asegurar una masa lisa y sin grumos.
No mezcles en exceso una vez añadidos los huevos: el aire en la masa hace que la superficie se agriete.
Un enfriado lento en el horno apagado evita las grietas por choque térmico.
El baño maría crea vapor que mantiene el cheesecake jugoso y evita que la superficie se reseque.
Cheesecake con remolino de frutos rojos: dibuja remolinos con 3 cucharadas de coulis de frambuesa o arándano en el relleno antes de hornear.
Cheesecake de limón: añade la ralladura y el zumo de 2 limones a la mezcla de queso crema.
Cheesecake de Biscoff: sustituye la base de galleta Graham por Lotus Biscoff triturada y añade 2 cucharadas de crema de Biscoff al relleno.
Vegetariano: cambia la proteína por setas de cardo asadas, tofu ahumado o garbanzos cocidos; ajusta el sazón un poco al alza para compensar.
Refrigera, cubierto, hasta 5 días. El cheesecake puede congelarse (sin cobertura) hasta 2 meses: descongela toda la noche en la nevera.
El cheesecake al estilo de Nueva York se asocia con Arnold Reuben, que afirmaba haberlo creado a principios del siglo XX, aunque los panaderos judío-estadounidenses de Nueva York llevaban décadas haciendo ricas tartas de queso crema. El estilo fue popularizado por el restaurante Lindy's en Midtown Manhattan.
Las grietas suelen deberse a mezclar en exceso (demasiado aire), una temperatura de horno demasiado alta o un enfriado demasiado rápido. Un baño maría y un enfriado lento en el horno previenen la mayoría de las grietas.
Sí, pero es más probable que se agriete. Hornea a temperatura algo más baja (160 °C) y enfría muy gradualmente con la puerta del horno entreabierta.
Sí; la mayoría de los componentes pueden prepararse hasta un día antes y refrigerarse por separado. Recalienta suavemente y monta justo antes de servir para que las texturas se mantengan distintas.
Mantente cerca del papel que cumple cada ingrediente: cambia aromáticos por otros similares (chalota por cebolla, lima por limón) y conserva el equilibrio de grasa, ácido y sal. Las mezclas de especias suelen poder aproximarse con lo que haya en la despensa.
Por porción · 12 porciones totales
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