
La salsa más célebre de México: un mole profundo y complejo de Puebla con más de 20 ingredientes, entre ellos varios chiles secos, especias, tomates y chocolate negro.
El mole poblano es la salsa más venerada de la cocina mexicana. Nacido en los conventos de Puebla durante la era colonial, es una labor de amor que requiere tiempo e implica varios chiles secos (ancho, mulato, chipotle, pasilla), tomates, plátano macho o plátano, pepitas de calabaza, sésamo, cacahuetes, pasas, canela, comino, clavo, pimienta negra y una pequeña cantidad de chocolate negro. Cada elemento se tuesta, se fríe o se cuece por separado antes de triturarse y cocerse lentamente todo junto durante horas. El resultado es una salsa de notable complejidad —a la vez terrosa, ahumada, afrutada, picante y sutilmente dulce—, con el chocolate aportando profundidad en lugar de dulzor. Suele servirse con pavo o pollo. Hacer un verdadero mole poblano es todo un proyecto, tradicionalmente emprendido para bodas y días de fiesta, pero una versión simplificada con buenos chiles secos y chocolate negro de calidad capta su carácter esencial.
Sirve 8
Tuesta brevemente los chiles secos en una sartén seca (30 segundos por lado) hasta que estén fragantes. Remójalos en agua caliente 20 minutos. Escurre y reserva el agua de remojo.
Asa los tomates, la cebolla y el ajo directamente en una sartén seca hasta que estén ennegrecidos en algunos puntos. Fríe las rodajas de plátano macho en manteca hasta que estén doradas. Tuesta las pepitas de calabaza, el sésamo y las almendras por separado en una sartén seca.
Tritura los chiles remojados con algo de agua de remojo, los tomates asados, la cebolla, el ajo, el chipotle, el plátano frito, las semillas tostadas, las almendras, las pasas, las especias y el orégano por tandas con algo de caldo de pollo hasta que quede muy suave.
Calienta manteca en una olla grande y pesada. Vierte la salsa triturada: salpicará. Remueve sin parar y cuece a fuego medio-alto 10 minutos, removiendo de forma continua, hasta que oscurezca.
Añade el caldo de pollo restante, el chocolate y la sal. Remueve hasta que el chocolate se funda. Cuece a fuego bajo 45 minutos, removiendo a menudo, hasta que el mole esté espeso y brillante. Prueba: ajusta el dulzor con una pizca de azúcar si es necesario.
En una sartén aparte, dora las piezas de pollo sazonadas en aceite. Pásalas a la salsa de mole y cuece todo junto 25–30 minutos hasta que estén bien cocidas. El mole debe cubrir el pollo generosamente.
La calidad de los chiles secos determina el mole. Cómpralos en una tienda mexicana si es posible.
Freír la salsa triturada en aceite caliente es un paso crucial: profundiza el color y cuece el sabor crudo.
El mole mejora muchísimo al día siguiente: hazlo con antelación y recaliéntalo con suavidad.
Prueba y ajusta la sal al final: los sabores se concentran al reducirse los líquidos, y una pizca final de sal en escamas realza todo el plato.
Mole negro: el mole negro oaxaqueño añade más chiles, tortilla carbonizada y más chocolate.
Sírvelo sobre pavo para la versión tradicional del banquete del Día de los Muertos.
Vegetariano: cambia la proteína por setas king oyster asadas, tofu ahumado o garbanzos cocidos; ajusta el sazonado ligeramente al alza para compensar.
Más picante: añade un chile fresco finamente picado o una cucharadita de pimiento de Alepo/Urfa triturado a los aromáticos para un calor cálido y por capas en lugar de un golpe único y agudo.
La salsa de mole se congela de maravilla hasta 6 meses. Haz una gran tanda y congélala en porciones.
La historia del origen del mole poblano involucra a las monjas del Convento de Santa Catalina de Siena en Puebla quienes, preparando un banquete para el Arzobispo, improvisaron una salsa con los ingredientes de la despensa. Sea cierta o no la historia, el mole se convirtió en el logro culinario más célebre de México, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial.
No: el chocolate negro aporta profundidad y cuerpo, no dulzor ni sabor a chocolate como tal. El mole no debe saber a salsa de chocolate.
La pasta de mole comercial (vendida en tarros) es un atajo válido. Dilúyela con caldo y añade tu propio chocolate para mejorar el sabor.
Sí: la mayoría de los componentes pueden prepararse hasta un día antes y refrigerarse por separado. Recalienta con suavidad y monta justo antes de servir para que las texturas se mantengan diferenciadas.
Mantente cerca de la función que cumple cada ingrediente: cambia los aromáticos por otros similares (chalota por cebolla, lima por limón) y conserva intacto el equilibrio de grasa, acidez y sal. Las mezclas de especias suelen poder aproximarse con lo que haya en la despensa.
Por porción · 8 porciones totales
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